Dos Figuras Abrazándose

Dos Figuras Abrazándose
(Inspirada en la pintura de la artista Alemana Kaethe Butcher “A Hug in the Garden”)

Tengo una pintura de dos figuras abrazándose. La figura en la izquierda tiene cabello largo negro y un vestido gris cubierto en amapolas. Su cara está escondida en el abrazo. La figura en la derecha tiene cabello blanquisco y un vestido gris cubierto en dientes de león y flores amarillas con pétalos cortos y rectos. Su mano que abraza a la otra figura se ve marchita. Podemos ver su frente pálida, cejas oscuras, y un poco de su párpado derecho. Hace cuatro años, una diseñadora de interiores me dijo que sólo comprara una pintura si me haría feliz verla todos los días. Éstas dos figuras viven en mi sala, enmarcadas en blanco. 

Las flores salen de sus vestidos como el vapor se levanta del agua hirviendo. A veces pienso que la figura con el cabello blanquisco es el ser pasado de la otra figura. Pienso que la figura de cabello negro está abrazando a la persona que ella solía ser. Me paro ahí bebiendo mi taza de café mañanera, pensando si mi ser de trece años me abrazaría. Si sabría instintivamente que soy yo. Si le gustaría mi departamento. Si yo sería protectora de ella. Me pregunto si el ser de treinta años de mi madre me abrazaría. Si seríamos amigas. Si caminaría a mi perro conmigo. Si le gustarían los libros que a mi me gustan leer.
 
A veces la figura en la izquierda parece una amiga perdida, y me dan ganas de abrazarla también. Me dan ganas de darle flores. Hay dientes de león flotando en el espacio arriba de sus cabezas. Me pregunto si pidieron un deseo. Y si es así, ¿pidieron el mismo deseo? Yo deseo que pudiera abrazar a las personas que nunca pensé que saldrían de mi vida. Las personas a quienes la vida lentamente alejó de mi como en un baile. Pienso en Renata en el último día de escuela cuando nuestros padres nos recogieron para llevarnos a casa a nuestros respectivos países. Estábamos en un salón con espejos amplios y mesas blancas redondas. Yo estaba hablando con alguien cuando escuché mi nombre. Me volteé y vi a Renata siguiendo a sus padres, despidiéndose de mi con la mano. Me congelé y moví mi mano también. Sonreímos. Esa fue la última vez que la vi. 

Pienso en Lovesang, un amigo de la escuela. Un día no apareció, y una semana después, mi madre me dijo que su familia se habia regresado a España. Mi madre perdió el papelito donde había apuntado el teléfono de su mamá. Eso fue todo. 

Les he preguntado a mis amigos qué opinan de las dos figuras abrazándose, y ninguno de nosotros tiene una respuesta clara. Algunos piensan que la figura con la mano arrugada está muerta, otros piensan que son madre e hija, y otros piensan que son hermanas reecontrándose después de años de estar separadas. Para mi, la figura en la derecha no está muerta, pero a veces parece ser de otro mundo como si viviera entre donde sea que nuestro mundo esté y el mundo que, los humanos que conozco, aún no podemos acceder. Algún lugar donde nuestras memorias de la infancia están guardadas; o donde se guardan los secretos que teníamos cuando éramos chiquitos; en algún lugar que se siente como un déjà vu. El abrazo es lo que la ancla a la otra figura y a éste mundo.

En la cultura mexicana, creémos que nuestros difuntos queridos nos visitan una vez al año. Yo creo que mi abuelita me ha abrazado antes. Si las dos figuras son una madre e hija, para mi es claro que se abrazan para despedirse ya que mi madre y yo nos hemos despedido con un abrazo muchas veces en aeropuertos e internados. Si las dos figuras son dos hermanas, desearía poder abrazar a la hermana chiquita que casi tuve, con cariño dentro de mis manos. 

Algunos piensan que la figura con cabello negro es realmente un hombre abrazando su verdadero ser. En éste caso, a la figura de las manos arrugadas le tomó una vida entera estar en paz consigo mismo. Otros piensan que ésta figura es un niño finalmente reunido con su madre. El cabello del niño es largo por todos los años que estuvo quien sabe donde. El cabello de la figura figura es blanquisco para simbolizar los años que ella sufrió por su ausencia. Me pregunto que se sentiría abrazar a alguien con tal fuerza y alivio que no notes que las flores en tu vestido han cobrado vida. 





Leave a comment