Trenes Paralelos

De vez en cuando, llegamos a la misma estación. Hoy el suyo se dirije al oeste: el mío aún no se mueve. La veo por la ventana. Su cabello está bombacho en el frente como se lo peinaba cuando me recogía del kinder. 
Dos veces, hemos tratado de tomar el mismo tren, pero hay un eco raro en el teléfono antes de finalizar la llamada. Su voz no ha cambiado. Las preguntas tampoco han cambiado, pero nada es igual. El mes pasado, cambiando trenes, vi el lunar atrás de su cuello y cómo lleva su bolsa en su brazo izquierdo. La traté de seguir, de llamar su atención, pero había demasiada gente caminando entre nosotras y muy poco tiempo para llegar a nuestra próxima conexión. 
Sentada aquí, veo que está abriendo la cajita de cartón de sus mentas favoritas y que está hablando con la persona sentada a su lado. Se ve más pequeña de lo que me acordaba. Cuando crecí más alta que ella, sus ojos me hicieron sentir grotesca, como si mi estatura hubiera alterado nuestro lazo. Ahora mi tren se está moviendo. Ya no puedo ver su cara.    


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